«Cuando la ficha técnica define al ganador» siempre ha sido, es y será el lema. Lo que no entiendo es la tendencia a buscar la quinta pata del gato. Los que redactaron las bases del concurso son tan responsables como la entidad que convoca. No hay un fuero omnisciente con poder absoluto para declarar «esta solución es la mejor, la más barata, la que mejor se ajusta a la necesidad», pero sí hay ojos de águila atentos a cuánto pueden llevarse al bolsillo y quién pasa el sobre más gordo debajo de la mesa.
Puede que sean las cámaras que usan los 500 millones de policías que hay en China; si las usan tantos, quizá sea porque son buenas, económicas, vaya a saber. Los que llegan tarde a la evaluación de un producto propuesto siempre protestan, alegando que las bases están direccionadas. Y si hubieran elegido su producto, otros saldrían a decir lo mismo. Si las bases efectivamente están diseñadas para que un solo postor, marca o producto gane, entonces están mal. Lo razonable es que al menos tres productos califiquen y que, entre ellos, se elija el de mejor precio.
Sobre las llamadas «variables quirúrgicas» —peso menor a 115 gramos, batería intercambiable, sistema infrarrojo, interruptor físico deslizante y resolución 2K— conviene separar lo razonable de lo forzado.
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Peso menor a 115 gramos. En mi humilde opinión, es la variable más ridícula. Una persona no percibe la diferencia entre una cámara de 115 g y una de 150 g al llevarla puesta todo el turno. En la práctica, el equipo de evaluación pesa cada unidad con balanzas calibradas y define una tolerancia razonable (por ejemplo ±5 g) antes de descartarla por peso. Pero más útil es probar la ergonomía: simular turnos de 8 y 12 horas con chaleco y casaca, registrar molestias, rozaduras y ajuste del anclaje. Así se detecta si el peso realmente afecta al desempeño del agente.
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Batería intercambiable. Esta es una variable importante. Si un policía tiene un turno de 12 horas, la batería debe cubrirlo sin cambios. En el laboratorio se coloca la cámara en modo de grabación continua y con activación por eventos, se cronometra la autonomía a resolución 2K y con sistema infrarrojo activado. También se hacen pruebas de cambio de batería en condiciones reales: el equipo de pruebas organiza simulaciones donde un agente realiza patrullaje de noche, reporta una detención y, en la mitad del turno, se intenta cambiar la batería con guantes puestos. Si el procedimiento obliga a interrumpir grabaciones críticas o no es factible en el contexto operativo, la opción se descarta. Un caso concreto: en una simulación reciente, al cambiar la batería bajo lluvia ligera, la cámara perdió metadatos de tiempo. Ese fallo invalidó el modelo en evaluación.
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Interruptor físico deslizante. No basta con indicar que exista; hay que definir cómo funciona. La comisión realiza pruebas de usabilidad: 1) operación con guantes gruesos y finos; 2) ensayo de 1.000 ciclos de deslizamiento para medir desgaste; 3) prueba de lavado y exposición a polvo para verificar si el interruptor se atasca. Se simulan escenarios de estrés —caídas, forcejeos, arrastre— para comprobar que no se apague por accidente. La meta es evitar que un agente diga mañana «no grabé porque se me deslizó el interruptor».
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Sistema infrarrojo. Se analiza su alcance efectivo y su impacto en la autonomía. En laboratorio se mide la calidad de imagen en condiciones de baja luminosidad a diferentes distancias (1 m, 3 m, 5 m). En campo se filman detenciones nocturnas simuladas y se evalúa la capacidad de identificar rostros y matrículas a distancia.
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Resolución 2K. La resolución mínima coherente para análisis forense. En pruebas comparativas, un equipo forense realiza reconocimiento facial y extracción de detalles en secuencias grabadas en HD frente a 2K. Los resultados muestran que 2K permite identificar rasgos y leer placas a mayor distancia, lo cual reduce la ambigüedad en peritajes.
La jefa de la comisión técnica —meticulosa, exigente y clara— marca el ritmo. Antes de cada prueba distribuye un protocolo: pasos numerados, tiempos, equipos necesarios y criterios de aceptación. Cuando surge una discrepancia, convoca la mesa técnica, revisa los registros de laboratorio y pide repetir la prueba ante observadores independientes. No pierde la calma ante las presiones; su fortaleza radica en la transparencia y en la insistencia por dejar constancia: grabaciones de las pruebas, hojas de vida de cada muestra, trazabilidad de baterías y registros de temperatura y humedad.
Las rutinas de evaluación son precisas. Ejemplo de flujo de trabajo en una jornada de pruebas:
- Recepción y etiquetado de unidades con código QR.
- Inspección física: peso, sellos, puerto de batería.
- Prueba de autonomía: grabación continua a 2K con IR activado hasta agotamiento.
- Prueba de cambio de batería en 3 minutos o menos, con guantes y bajo lluvia simulada.
- Prueba de interruptor: 1.000 ciclos y operación con guantes.
- Pruebas nocturnas y diurnas para calidad de imagen y forensia.
- Informe técnico con puntuación desagregada por variable.
Ante reclamos de oferentes que dicen haber sido excluidos por las bases, la comisión aplica un procedimiento: primero verifica si el reclamo llegó dentro del plazo; luego coteja actas de recepción y vídeos de las pruebas. Si hay dudas, repite la evaluación con observadores de todos los postores y publica las hojas de puntuación. Esa transparencia reduce la sospecha de direccionamiento.
En resumen: las bases deben permitir competir a tres o más soluciones. Las variables técnicas han de ser exigentes, pero también operativas y verificables. Peso, batería intercambiable, sistema infrarrojo, interruptor físico deslizante y resolución 2K son criterios válidos si se acompañan de protocolos de prueba claros y públicos. Solo así la ficha técnica puede definir al ganador sin que la polémica opaque la compra pública.